jueves, 12 de abril de 2007

Sherlock y Cleofás

s interesante constatar las referencias clásicas que a veces se esconden en las aventuras de Sherlock Holmes. Al principio de «Un caso de identidad» encontramos la siguiente intervención del detective:


—Mi querido compañero— dijo Sherlock Holmes estando él y yo sentados a uno y otro lado de la chimenea, en sus habitaciones de Baker Street —la vida es infinitamente más extraña que todo cuanto la mente del hombre podría inventar. No osaríamos concebir ciertas cosas que resultan verdaderos lugares comunes de la existencia. Si nos fuera posible salir volando por esa ventana agarrados de la mano, revolotear por encima de esta gran ciudad, levantar suavemente los techos, y asomarnos a ver las cosas raras que ocurren, las coincidencias extrañas, los proyectos, los contraproyectos, los asombrosos encadenamientos de circunstancias que laboran a través de las generaciones y desembocando en los resultados más outré, nos resultarían por demás trasnochadas e infructíferas todas las obras de ficción, con sus convencionalismos y con sus conclusiones previstas de antemano.

Este fragmento evoca al lector algunos párrafos del tranco primero de la obra de Luis Vélez de Guevara, El diablo cojuelo, cuando el diablo en cuestión, en agradecimiento al estudiante Cleofás (que le había liberado de una redoma) le lleva por Madrid de la misma manera que Holmes le proponía hacer a Watson en Londres:

[...] asiéndole por la mano el Cojuelo y diciéndole: «Vamos, don Cleofás, que quiero comenzar a pagarte en algo lo que te debo», salieron los dos por la buharda como si los dispararan de un tiro de artillería, no parando de volar hasta hacer pie en el capitel de la torre de San Salvador, mayor atalaya de Madrid,

[...] Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólica, lo hojaldrado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como entonces estaba, patentemente, que por el mucho calor estivo estaba con menos celosías, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fue de capas y gorras.

Podemos preguntarnos si Conan Doyle conocía el clásico castellano o, dado que la idea no era original de Vélez de guevara, alguna de las obras que la inspiraron.

3 comentarios:

atilio dijo...

Cosa e' mandinga Malvado!
Y podrias ilustrarnos con menciones de las obras que la han inspirado?
Aun asi querria agregar que volar y espiar es una fantasia muy comun. No solo yo la tengo sino que dios se la pasa haciendolo y muchos catolicos la desean con el amiguito de la mano.

Ernesto dijo...

Estimados contertulios.. acabo de terminar el Conde de Monte-Cristo y tengo fresca esta referencia...

Dumas hace autor de la ocurrencia a Lesage (1668-1747) y se refiere con un gesto cómico al autor en este pasaje del capítulo CVI del Conde de Monte Cristo :

"Ce personnage diabolique que toute imagination aventureuse eût créé avec plus ou moins de bonheur si Le Sage n'en avait acquis la propriété dans son chef-d'œuvre, Asmodée, qui enlevait la croûte des maisons pour en voir l'intérieur, eût joui d'un singulier spectacle s'il eût enlevé, au moment où Debray faisait ses chiffres, la croûte du petit hôtel de la rue Saint-Germain-des-Prés."

http://www.gutenberg.org/files/17992/17992-h/17992-h.htm

en la nota a pie de página se aclara: Lesage (1668-17479, romancier et homme de théâtre. Asmodée est un personage du Diable boiteux. Il soulève les toits de Madrid pour dévoiler les réalités qui s'y cachent.

Por cierto, esta obra se cita muchas veces en el libro así que ha de tener cierta importancia para el autor. Me pregunto cómo es posible que a Dumas no supiese que probablemente el auténtico autor de la idea no era Lesage. Me inclino a pensar que en la época no se guardaba ni transmitía la autoría de las ideas como hacemos ahora.
Salud desde debajo de un techo de Madrid

Evil Preacher dijo...

Lesage era,efectivamente, buen conocedor de la literatura espagnola y tradujo y adaptO (mAs bien libremente)muchas obras, como la que nos ocupa.
Nunca me sorprendiO que Dumas desconociera la fuente de Lesage, aUn hoy los franceses se creen que el Cid se lo inventO Corneille.