sábado, 22 de mayo de 2010

La prueba del camello (Actualizado)

La idea de que los relatos del Antiguo Testamento reúnen leyendas, cuentos y poemas de índole fundamentalmente mítica y fantástica puede parecer evidente. No obstante, a pesar de que la filología ha hecho interpretaciones en ese sentido desde hace mucho, la arqueología ha estado a menudo manipulada por intereses religiosos y nacionalistas, que deberían ser ajenos a toda investigación científica. Afortunadamente, en los últimos años parecen haberse superado esas trabas y tenemos obras como The Bible Unearthed, de I. Finkelstein y N. A. Silberman, donde se recopila, para el lector no especialista, el estado actual de las investigaciones sobre la cuestión. Las pruebas arqueológicas datan la creación del texto, sobre materiales anteriores, a finales del s. VII a.C. El fin político de esta recopilación hay que buscarlo en las ambiciones nacionalistas y expansionistas del reinado de Josías.

Moisés sacando agua de la piedra, Gioachino Asserto
Moisés sacando agua de una piedra de un golpe de bastón (Éxodo 17, 6). Un camello espera pacientemente su turno en el ángulo superior derecho de la imagen. Óleo de Assereto Giochino, que se conserva en el Museo del Prado, Madrid

De entre el gran número de pruebas e indicios que se evocan en la obra de Finkelstein, queremos fijarnos hoy aquí en el relativo a los camellos. En los relatos sobre los patriarcas se mencionan camellos, mientras que en la época en la que se supone la acción no se había todavía domesticado en la región. Evidentemente, los creadores de la narración proyectaban la vida que ellos conocían en relatos de acciones supuestamente pretéritas. En particular, en la historia de José, se mencionan caravanas que llevaban «goma arábiga, bálsamo y mirra», lo que refleja una realidad de los ss.VIII a VII a. C, cuando, bajo la dominación asiria, pudo desarrollarse tal comercio.

Borges y María Kodama en Egipto
¡Oh, tiempo, tus pirámides!

Curiosamente, Borges había considerado la mención u omisión de camellos como criterio de la autenticidad de un texto, en su caso, del Corán. Su punto de vista es estético, no científico como el de Finkelstein, pero no deja de resultar una coincidencia llamativa; incluso precisa que un nacionalista sí hubiera incluido camellos en su redacción:
Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos; yo creo que si hubiera alguna duda sobre la autenticidad del Alcorán bastaría esta ausencia de camellos para probar que es árabe. Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe no tenía porqué saber que los camellos eran especialmente árabes; eran para él parte de la realidad, no tenía por qué distinguirlos; en cambio, un falsario, un turista, un nacionalista árabe, lo primero que hubiera hecho es prodigar camellos, caravanas de camellos en cada página; pero Mahoma, como árabe, estaba tranquilo: sabía que podía ser árabe sin camellos. (de «El escritor argentino y la tradición», en Discusión, 1932).
Si la observación de Finkelstein nos da un indicio cronológico, la de Borges, aplicada a la Biblia, nos lo daría social: no fueron los nómadas quienes escribieron esos relatos, sino cortesanos de un rey nacionalista.


Actualización del 23 de mayo a las 17h00:

En respuesta a los comentarios, en particular a las objeciones de RnB (gracias) precisamos algunos de los puntos del post:

El Corán sí menciona a los camellos, por ejemplo en la sura 88, versículo 18: «¿Acaso no reparan en el camello, cómo ha sido creado?». Una búsqueda en una edición electrónica de este texto sagrado arroja 18 referencias a los camellos.
Esto plantea un problema ¿se equivoca Gibbon o se equivoca Borges citando a Gibbon o este miserable predicador citando a Borges? Esta última posibilidad podemos descartarla acudiendo al texto de Borges al que hacemos referencia (pueden encontrarlo aquí).
Gibbon, por su parte, habla de los orígenes del islam, de su profeta, del Corán y de los camellos en el capítulo L de su Decadencia y caída del Imperio Romano. En todo ese capítulo no encontramos tal idea, al contrario: dice que, en su ignorancia de árabe, ha compulsado ediciones inglesas, latinas y francesas de ese libro santo, por lo que parece improbable el error.
Borges era un gran conocedor de Gibbon ¿cómo podría haberse equivocado? El ensayo de Borges se critica a los autores argentinistas que se exceden al añadir color local, quizá Borges se inventó la cita para apoyar su argumentación. El comentario de Guely of Sweden, gran lector de Borges, confirma esta posibilidad (muchas gracias por intervenir).
Una cita de Gibbon pudo sugerir al autor argentino la superchería: en la nota 16 del capítulo mencionado, el historiador habla de los gustos gastronómicos del Profeta y dice: «el camello ni siquiera es mencionado». Gibbon no habla aquí del Corán, sino que cita la Vie de Mahomet, de Garnier. Ya dijimos que el criterio de Borges era estético, no científico.

En cuanto a la objeción relativa a la domesticación del camello, cito literalmente mi fuente, es decir, La Biblia desenterrada (traduzco de la versión francesa, ya que no dispongo de la original):

La historia de los patriarcas está llena de camellos; se cuentan por manadas. Cuando sus hermanos venden a José como esclavo (Gn 37, 25) las mercancías de la caravana son transportadas por camellos. Pero la arqueología revela que el dromedario no fue domesticado antes de finales del II milenio y que no empieza a usarse de manera general como bestia de carga en Cercano Oriente hasta mucho más tarde del año 1000 a.C. La historia de José nos da, a demás, otros detalles reveladores: la caravana de camellos en cuestión transporta «goma arábiga, bálsamo y laúdano». Esta descripción corresponde, de manera evidente, al comercio de estos mismos productos, que los mercadees árabes, bajo la vigilancia del Imperio Asirio, emprenden en los siglos VIII y VII a.C.
Por otra parte, las excavaciones del yacimiento de Tell Jenmeh, en la planicie litoral del sur de Israel —que era un gran almacén situado en la ruta principal de las caravanas que unían Arabia con el Mediterráneo— revelan un aumento espectacular de huesos de camello durante el curso del s. VII a.C. La mayor parte de estas osamentas proceden de animales adultos, que servían como animales de carga y que no eran de origen local, ya que, en caso contrario, se hubieran encontrado también individuos jóvenes. Fuentes sirias mencionan, precisamente en la misma época, el empleo regular del camello en caravanas mercantes. Por lo tanto, sólo a partir de esta época el camello formará «parte del paisaje» y será posible integrarlo en los detalles de un relato literario.

11 comentarios:

RnB dijo...

Creo que en este post te ha fallado la erudición.
Prácticamente toda la historia consiste en relatos nacionalistas; y la biblia no es una excepción.
No sé porque no debería haber camellos en el tiempo que se supone en que vivió José. Los camellos están domesticados desde hace unos 6000 años y son oriundos de la Península Arabiga. Luego en plena época de dominación amorrea-hicsa (adopto la idea que Asimov expone en "La tierra de Canaan") lo sorprendente sería que no se conociera los camellos.
Y tercero: en el Corán salé los camellos en repetidas ocasiones (puedes comprobarlo en wikisources)

Bueno, te estoy agradecido por descubrirme el libro "La Biblia desenterrada". Un año de estos lo leeré.

Evil Preacher dijo...

Gracias, RnB, por las correcciones. Como Borges no indica el lugar exacto de la idea de Gibbon que cita, estoy buscándola trabajosamente. Por cierto, que mientras hago esto, he tenido que verificar una de las referencias que hace Gibbon al Corán y, al pasar sus páginas, he caído casualmente en una mención a los camellos, el la sura 88, versículo 18: «¿Acaso no reparan en el camello, cómo ha sido creado?». Ando liado con otras cosas, pero en cuanto saque un rato haré las correcciones pertinentes.

Guely of Sweden dijo...

Borges, mucho más tarde, confeso que lo de la ausencia de camellos en El Corán se lo había inventado el. Era una manera de hablar sobre el exceso de lo que el llamaba "color local" en la literatura. Figuraba que el camello era tan común para el hombre del Corán que este ni se preocuparía en mencionarlo. Como si lo haría el extranjero a dicha cultura, ya que lo vería como algo imprescindiblemente exótico. Borges razona del mismo modo, y con más conocimiento, al hablar de la literatura gauchesca y los escritores que vivieron en la pampa en contraste con los que escribieron sobre élla desde la ciudad. Los citadinos escribían cosas exóticas que los autores que habían vivido en la pampa pasarían por alto por ser demasiado ordinarias e indignas de mención. Para Borges un camello sería entonces tan corriente que el arabe no necesitaría mencionarlo porque no tenía nada de especial. Esa era su idea y se inventó la curiosidad apócrifa para sostener su idea.

Evil Preacher dijo...

En la actualización creo haber respondido a tus objeciones, RnB, salvo a la primera, que no sé si es tal o un argumento de apoyo:
«Prácticamente toda la historia consiste en relatos nacionalistas; y la biblia no es una excepción.»
Tradicionalmente se ha usado la historia con fines nacionalistas, populistas y de manipulación. La Historia (la disciplina científica) intenta descartar esos elementos. Que la Biblia no es una excepción lo sabemos bien, por ello comenzábamos el post diciendo que «La idea de que los relatos del Antiguo Testamento reúnen leyendas, cuentos y poemas de índole fundamentalmente mítica y fantástica puede parecer evidente». Lo llamativo es que haya gente aún que lo niegue y lo tome por hechos históricos y guía espiritual.

Muchas gracias por tu intervención, Guely of Sweden, si pudieras facilitarme una referencia para encontrar dónde Borges dice eso me sería de mucha utilidad.

BilleH dijo...

! Vale está aclarado!
Lo del primer comentario no es una objeción ni un argumento de apoyo. Es una declaración tan evidente (al menos para mí) como gratuita. Supongo que me puse de mala leche recordando la ridícula Historia de España que me enseñaron en EGB. Tanto la anterior a 1975 como la posterior, pues me pilló de lleno la transición.
!No le des más vueltas!

BilleH dijo...

!Aiba! Soy RnB no sé porque me ha salido esta otra identidad.

Illuminatus dijo...

La verdad es que el argumento de Borges me parece muy de literato, si, aunque pretendiese construir una especie de argumento lógico que acaba teniendo poca consistencia. De todas formas, los elementos inconsistentes en su contexto histórico también aparecen con reincidente tozudez en la pintura: obviando las inconsistencias arqueológico-históricas de armas y armaduras, por ejemplo, en la pintura Renacentista también se pueden observar impropiedades en cuanto a las especies vegetales con insistencia.

Evil Preacher dijo...

RnB; a mí también me resulta evidente, por eso me sorprende tanto que haya gente que se crea esas cosas. Me atrevo aventurar una hipótesis de porqué has llegado a esa posición (que no tiene más rigor que la de Borges con el camello). Veo en tu perfil que vives en Álava; eso te habrá expuesto a las sandeces nacionalistas tanto hispanizantes como «euskalizantes» y quizá te haya pasado como a los jónicos de los que habla Carl Sagan en Cosmos:
«El Marduk babilónico y el Zeus griego eran considerados, cada uno por su parte, señores del cielo y reyes de los dioses. Uno podía llegar a la conclusión de que Marduk y Zeus eran de hecho el mismo dios. Uno podía llegar también a la conclusión, puesto que ambos tenían atributos muy distintos, que uno de los dos había sido inventado por los sacerdotes. Pero si inventaron uno, ¿porqué no los dos? Y así fue como nació la gran idea, la comprensión de que podía haber una manera de conocer el mundo sin la hipótesis de un dios; que podía haber principios, fuerzas, leyes de la naturaleza, que permitieran comprender el mundo sin atribuir la caída de cada gorrión a la intervención directa de Zeus.»

Illuminatus: me encantan esas representaciones del pasado en pinturas medievales y modernas. Hasta el s. XVIII no se tenía una visión arqueológica ni sensación, a lo largo de una vida humana, de que la tecnología cambiara mucho las vidas de las personas. La moda vestimentaria sí, desde el punto de vista de la burguesía rica, pero estoy seguro de que durante mucho tiempo el creyente rural se imaginaba a los personajes de las Escrituras de los que les hablaban los domingos vestidos como ellos. Los pastores de los belenes actuales son todavía como pastores del s.XIX.
Si los pintores modernos, por su parte, tenían dificultades para documentarse sobre atuendos orientales, más aún sobre plantas o atuendos pretéritos.
Hablando de las plantas: en el museo de Edad Media de París, que me queda al lado de casa, tienen plantadas en el jardín las mismas plantas que se ven en los tapices de La Dama y el unicornio ¿simpática idea verdad?

Guely of Sweden: insisto en que me vendría muy bien si sabes dónde Borges hace esas declaraciones; ando recopilando, no citas apócrifas de Borges, sino más bien las pruebas de de que estas lo son. Cualquier pista sobre el particular será igualmente de agradecer.

Illuminatus dijo...

Hablando de las plantas: en el museo de Edad Media de París, que me queda al lado de casa, tienen plantadas en el jardín las mismas plantas que se ven en los tapices de La Dama y el unicornio ¿simpática idea verdad?

Desde luego que si. No soy un botánico estricto pero disfruto enormemente con la construcción autóctona de jardines. Es, por ejemplo, uno de los grandes puntos del labo donde realizo las prácticas del máster: que convencieron a los gerentes para diseñar un jardín con plantas mediterráneas autóctonas (romero, lavanda, Helychrisum y similares).

La construcción de jardines es una rama de la arquitectura paisajista que debe ser reclamada en formas autóctonas. Aunque per se podemos considerarla refundada por los italianos renacentistas (después de lo que hicieron los griegos y, sobre todo, los romanos) durante mucho tiempo la influencia de los ingleses ha contaminado los estándares de las especies que deben emplearse en un jardín (no hablemos de las ornamentales, muchas de ellas horrendas invasoras).

Guely of Sweden dijo...

Créeme que me he pasado mas de dos horas infructuosas de esta tarde de verano sueco buscando la cita que apoya mi afirmación. Lo más fácil fue buscarla en internet (que tengo varios centenares de páginas impresas sobre Borges) y aunque me di varias veces con la entrada de tu blog no la encontré. Tengo muchos pero muchos libros de y sobre Borges (no digo cuántos porque no quiero pecar de vanidad el día de hoy) y aunque revisé varios, sobretodo los de entrevistas, no dí con la bendita cita. Se que no ayuda el invocar mi mera diletante erudición borgiana porque no créo en la fé y si en las evidencias. Pero ahora que lo pienso, no créo entonces que Borges haya leido el Corán como muchos afirman, que se habría topado con los camellos. Y si sí lo hizo, entonces lo que afirmo sin más fundamento que mi no documentada memoria tiene acaso posibilidad de certidumbre.

Evil Preacher dijo...

Gracias, Guely; el sábado pasado alguien, espontáneamente, sin que yo le preguntara, me contó lo de la invención de la historia de los camellos, de manera que no eres el único en divulgarla, pero tampoco me dio la fuente de la historia.
Como te decía, estoy trabajando sobre las fuentes de Borges y las citas supuestamente espurias que encontramos en algunos de sus ensayos, de manera que seguiré buscando por mi parte. Naturalmente, cualquier dato sobre el particular será sumamente valioso.

Illuminatus: tu vindicación (si me permitís el término :p ) de las especies locales, me hace pensar en lo que me decepcionó la ampliación del Museo del Prado y su bojs traídos de Italia.