jueves, 5 de septiembre de 2013

La flor de Coleridge y la flauta de Picard

La literatura se nutre en ocasiones de asuntos fantásticos e improbables, en otras de experiencias baladíes que le ocurren a cada cual, como el amor y la muerte. En el que tratamos hoy confluyen ambas corrientes.

La fantasía de conservar un objeto traído de un sueño es muy común. Su forma literaria se la dio Coleridge, en una reflexión que dejó inédita, hasta que apareció en una recopilación bajo el título Anima Poetæ:

“If a man could pass through Paradise in a dream, and have a flower presented to him as a pledge that his soul had really been there, and if he found that flower in his hand when he awoke - Aye! and what then?”

Borges dedica a este breve texto un ensayo, dentro del volumen Otras inquisiciones. Lo traduce así:

«Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?».
Pueden encontrar el pasaje del que hablamos en la página 282 de esta edición

Esta fantasía comparte linaje con los frutos que Perséfone no debía comer en el Reino de los Muertos o aquellos que Aladino no debía tocar en la caverna de la lámpara mágica, riquísimos en implicaciones y en símbolos, pero no vamos a ocuparnos aquí de los precedentes, sino de uno de sus avatares posteriores.

Borges, en su ensayo, señala que la flor que trae al presente el viajero del tiempo de Wells, tambien la prueba de un viaje imposible, es un avatar de la de Coleridge. El mismo Borges usaría ese recurso en su cuento «Utopía de un hombre que está cansado», donde un viajero del tiempo trae como prueba de su viaje una tela de vagos colores amarillos creada por un hombre futuro.

Desde entonces muchos han usado esta idea hasta convertirla en lugar común, por ejemplo, en el reciente cortometraje de animación El día de los muertos. Pesadilla en Elm Street (1984) se podría leer como una exacerbación del principio.


Gran parte de la fuerza del episodio descansa en la capacidad interpretativa de Patrick Steward . La melodía fue compuesta por Jay Chattaway y existe una versión arreglada para orquesta.

Queremos llamar la atención aquí sobre una de las realizaciones de este asunto más conseguidas y evocadoras que se han creado. La encontramos en el episodio vigésimo quinto de la quinta temporada de Star Trek Next Generation, titulado «La luz interior», escrito por Morgan Gendel.

Es un episodio que goza de alta estima y ha generado mucho aparato crítico pero, que sepamos, nunca se ha subrayado su vínculo con la flor de Coleridge. Éste, sin embargo, salta a la vista si recordemos brevemente el argumento:

El prop original se subastó en Christie's: el precio alcanzado, de 48000 dólares, sorpendió a la casa de subastas que lo había subestimado. No se dieron cuenta de que representa ese objeto que todos hemos querido traer de un sueño. Fuente de la imagen.

La nave espacial Enterprise encuentra en sus viajes una sonda espacial de aspecto primitivo: ésta genera un haz de partículas que deja inconsciente al capitán Picard. El capitán se ve a sí mismo en Ressik, una provincia norteña del desconocido planeta Katān. Vive allí toda una vida llena de experiencias: entre ellas, se inicia en la flauta. Paulatinamente, comprendemos que los habitantes del planeta estaban condenados por una inminente catástrofe ecológica natural, imposible de paliar con la tecnología disponible. Al final sabemos que la sonda era la única forma que la población del planeta encontró para perdurar; introducir una vida, a través del rayo, en la conciencia de un viajero que se encontrara con la sonda miles de años más tarde. El capitán despierta: para sus compañeros de la nave habían pasado sólo 25 minutos. Cuando el equipo del Enterprise examina la sonda encuentra en su interior la flauta, único vínculo material que le quedará a Picard con todos esos años, y que ahora sabe tocar.

Predi
Si encuentras películas o cualquier otro tipo de narración en las que se use el recurso de la flor de Coleridge, por favor, colabora con el blog contándonoslo en los comentarios ¡Gracias de antemano!


 La capitular está montada sobre una captura de The time machine (1960) 

10 comentarios:

Kuroma DarkRoller dijo...

El libro "Peter Pan de rojo escarlata" comienza con los niños perdidos ya adultos teniendo sueños en los que se despiertan con objetos traídos de Nuncajamás.

Evil Preacher dijo...

Excelente :-) muchas gracias.

Diego dijo...

Volviste, Preacher!! Que alegría volver a leerte!Extrañaba, también, los comentarios de los parroquianos.
Saludos!!

Predicador Malvado dijo...

Gracias por la bienvenida, Diego :)
No creo que pueda retomar una actualización tan frecuente como la de antaño, pero sí espero publicar un post de cuando en cuando.

Epicureo dijo...

No le hemos olvidado, Predicador, gracias por volver aunque sea de cuando en cuando.

Evil Preacher dijo...

Es un gran placer reencontraros, Epicúreo, gracias :-)

ohma dijo...

No me gustaría vivir esa experiencia porque luego, tal vez, empezaría a tener pesadillas.
Saludos.

Alejandro dijo...

Uno más aquí que se alegra con tu regreso Evil.

Isidre Monés dijo...

Bienvenido, de nuevo, Predicador!
Tienes en mi un ferviente seguidor desde que me alentaste a moverme en el mundo de la red y diste a conocer mi casi medio siglo de andanzas, hace ya 4 años.
Bonito tema y bonita pregunta la de Borges.
Insistiendo en el tema, este año he ilustrado un cuento infantil para américa: "Planet of the pies, Cloudy with a chance of meatball", Comienza la historia con un abuelo y sus dos nietos que ven una noticia por televisión, donde unos astronautas que llegan a Marte, observan una extraña lluvia de... mermelada?
Se van a dormir y el abuelo sueña que él es el jefe de la expedición y realmente en Marte llueven tartas.
Los marcianos estan preocupados por este surrealista "cambio climático" que les complica la vida, y con la ayuda del "abuelo astronauta" resuelven montar un negocio de envío al universo de tartas y pasteles de "fuera de este mundo"
Este cuento me gusta cantidad, porque muestra en una narración infantil, este mito Borgiano, ya al dia siguiene en la portada del periódico aparece una foto de la llegada a Marte, donde el fefe se parece mucho al abuelo, y más tarde, de postre comen una sospechosa tarta con una curiosa etiqueta.
Para redoblar el efecto Borges, de mi propia cosecha (ni el editor ni la autora dijeron nada al respecto)
añadí dentro de un armario entreabierto, un casco de astronauta.
Estaras de acuerdo conmigo que el acercamiento del mito Borgiano a los niños es total.
Puedes ver referencias del libro en google, hace tres meses que está en las librerias, el editor es Simon and Shuster, y no se como enviarte un link adecuado.

Louis le Hutin dijo...

¡Muy bueno!