viernes, 30 de octubre de 2009

La culpa y las ondas

Me dicen que esta broma telefónica, a cargo de un programa de radio, ha tenido mucha difusión en España. No obstante, la difundimos aquí en atención a los que viven fuera de la Piel de Toro. Una vez las risas calmadas, se impone una reflexión sobre la culpabilidad que fomentan los monoteísmos y la sumisión malsana inherente a la confesión.



La foto sobre la que está montada la capitular está tomada de aquí.

8 comentarios:

Atilio dijo...

La culpabilidad y la sumisión, es cierto EVIL. Pero también la hipocresía.
El tal José merece que la novia le corte los huevos, como ella misma dice. Pues, además de la vergüenza que le provoca a su futura mujer, me pregunto para que coños se robaron un retrato del Papa del arzobispado si es evidente que no se creen la historieta o, por lo menos, José no se la traga.
A menos que todo haya sido un plan de José desde el comienzo. En ese caso comenzaré a creer que el demonio existe porque el tipo es un verdadero hijo de puta (llevar a su futura mujer al arzobispado, robar el cuadro y luego entregarla al programa de radio).
Entonces, José es un hombre de moral dudosa en cuanto a los chistes que le hace a su mujer. Su mujer roba el cuadro pero se le viene el mundo abajo cuando la descubren. El falso cura se enoja pero luego se conforma con cánticos ridículos y olvida el robo del objeto en cuestión.
La culpa y la sumisión.
Esa religión y moral son un verdadero basurero.

Ioannes Ensis dijo...

Me he quedado sin palabras.

Illuminatus dijo...

El problema está en la hipocresía del personal, que va a la iglesia para el casamiento por el rito, la gala y la pompa y circunstancia sin creer una mierda.

Independientemente de que el novio sea un hijoputa, claro.

Barullo dijo...

Pues me gustaría que postearas la grabación del día en que se divorcien... José, sos un hijo de puta!!!

Evil Preacher dijo...

En este tipo de bromas a menudo uno se pone de la parte del que hace la broma, que juega el papel del listo. Sin embargo, esta es tan salvaje que la compasión por la víctima es mucho más fuerte, con la reacción consiguiente contra los bromistas, el falso cura y Jose. En mi caso y de algunos amigos a los que se la puesto, nos ha costado oírla completa, necesitábamos pausas por lo fuerte que era la vergüenza ajena.

En el post «El sexo de los curas
» decíamos en un comentario: «Imagina las relaciones de sumisión que se establecen entre las fieles y sus confesores conocedores de todos sus deseos y pensamientos; imagina lo que sería en épocas pasadas cuando el poder de la Iglesia era mayor, con amenazas como la excomunión o la Inquisición.» esta broma vale como ilustración de esa idea.

Movimiento 31 dijo...

Reproduzco el comentario que me suscitó la broma cuando lo recibí por e-mail:

"Qué subnormal la piba y qué hipócrita de mierda. Egoísta, insensible, niña de papi y estúpida que no tiene ni la menor aprensión por aceptar la humillación de un totalitario.

Muy grande el locutor, ha aguantado el tipo como un campeón con toda esa vergüenza ajena que produce la situación."

Quiero añadir que llorar como una Magdalena porque te priven de tu boda de princesa de cuento es para darle una patada en el culo y mandarla a la mierda, sobre todo porque está la Iglesia de por medio.

Luis E. Froiz dijo...

Personalmente, cualquiera de los tres protagonistas me parecen igualmente imbéciles.
Ella, por ese arrepentimiento egoísta y absurdo que termina en una sumisión ante unos tipos que dicen ser la representación de un ente imaginario y aceptar la humillación como redención. Por no citar la falta de cabreo real de la que hace gala cuando sabe que es una broma, que demuestra tooodo lo que se estaba arrepintiendo realmente.
El novio por esa hipocresía que supone el casamiento por la iglesia sin tener ni el más mínimo respeto hacia la misma, además de por humillar a su novia/mujer en un medio público.
Y el presentador porque si buscan entre los archivos del programa, podrán encontrar cientos de ejemplos de bromas del mismo estilo, simple humillación aprovechando la credulidad de alguien que simplemente recibe una llamada.

Evil Preacher dijo...

Creo, Luis, que has sintetizado la cuestión de manera inmejorable.